jueves, 15 de enero de 2026

LA VOZ DE HIND

 


Donald Trump (80), Benjamín Netanyahu (77), Valdimir Putin (74), Ali Jamenei (86) o Xi Jinping (73) copan horas y horas de los noticiarios con sus voces. El mundo les escucha con el corazón en un puño. Se analizan sus palabras, se buscan significados ocultos en sus mensajes, incluso en lo que no dicen se busca una intención. Hasta cuando callan les escuchamos. Parecería que las voces de estos septuagenarios y octogenarios son las más importante, las únicas importantes, entre los más de ocho mil millones de voces que habitan la tierra.

No. Es la hora de rebelarse. Hay que dejar de escucharles. ¿Cuáles son sus méritos? Tener el control sobre 12000 armas nucleares, no tener escrúpulos, tener cinco millones y medio de soldados a sus órdenes, disponer de la capacidad de que sus mentiras sean tomadas como verdades absolutas... No es suficiente para que merezcan ser escuchados. Escuchándoles les estamos otorgando un poder que no merecen: el poder de asustarnos.

Dejemos de escucharles. Hay otras voces que merecen más nuestra atención. La voz de Hind Rajab (6), por ejemplo. Si la escuchásemos ella nos hablaría de cosas que nos pueden ayudar a construir un mundo mejor. Nos hablaría, por ejemplo, de que le gusta jugar en la playa con la arena, de que ya sabe llegar sola a casa desde la encrucijada en que se encuentra, o de que ya no tiene ningún color preferido. Nos hablaría de todo eso con la voz de una niña de seis años; el arma más poderosa del mundo, mucho más que la de esos octogenarios que solo saben amenazarnos. Nos hablaría de todo eso, si no fuera porque uno de esos septuagenarios, quizá conocedor del poder de su voz, ordenó a uno de sus tanques que la silenciara para siempre.

sábado, 10 de enero de 2026

La casa por el tejado

 


La reunión que ayer mantuvo Donald Trump con las compañías petroleras, debería haberla tenido hace meses. Primero asegúrate de que tienes una buena baza y después lanza el envite. Alguien debería enseñarle a jugar al mus, al menos al póquer. Porque juega sin mirar las cartas. Órdago tras órdago. Se puede jugar así, pero si no se tienen buenas cartas, a medio plazo es difícil ganar. Imposible.

Ayer descubrió sus cartas. Iba de farol en su agresión a Venezuela. Puede asustar y despreciar a muchos, pero a los señoros de ayer, a los magnates del petróleo, ni les desprecia, ni les asusta. El petróleo de Venezuela no acabará en los flamantes Cádillacs americanos. No. Y se lo dijo a la cara uno de esos hombres tras los que se esconden las hidras que de verdad controlan el mundo, el CEO de Exxon, una empresa que vale 500000 millones de dólares, una de las pocas capaces de poner suficiente dinero para extraer y procesar las reservas del esquivo petróleo venezolano: “Venezuela no es apta para invertir”.

Lo único que ha logrado en esa reunión es que las pocas compañías que operan ahora en el país caribeño, se comprometan a seguir allí. Para ese viaje no hacían falta tantas alforjas. Enternecedor ver a Josu Jon Imaz, adalid de las puertas giratorias españolas, sacando pecho ante el macho alfa: Repsol triplicará su esfuerzo. Encomiable. Lo que no le ha dicho a Trump es que cuando se triplica una cantidad ínfima, el resultado es otra cantidad ínfima. Al presidente americano no le va a quedar más remedio que amenazar a las matemáticas porque los números no salen, es lo que suele pasar cuando se empieza a construir la casa por el tejado.
“¿Y ahora qué?” Pensará el bueno de Donald. “Pues a por Groenlandia, a ver si allí podemos ir con un hornillo y fundir los dos quilómetros de hielo que protegen sus recursos.” Una gigantesca isla sin carreteras, sin puertos industriales, sin redes eléctricas, con temperaturas y condiciones climáticas extremas. Es casi imposible, en ningún caso rentable, extraer esos recursos. Harían falta décadas y millones de dólares y para cuando la logística minera lograra empezar a extraerlos, la tecnología habrá avanzado por derroteros impredecibles que pueden convertir esos recursos, ahora valiosos, en pura escoria.
Mientras tanto, la asustada UE ha reaccionado con sus armas más poderosas: el diálogo y el respeto. Mientras Trump se entretiene con sus alharacas de matón de barrio, América Latina, esa que considera su puerta trasera, se ha abierto y por ella acaba de colarse la vieja y despreciada Europa. La alianza entre Europa y América del Sur es un órdago a la proteccionista economía estadounidense. Pero a diferencia de los de Trump, este órdago viene acompañado de muy buenas cartas. Este acuerdo transatlántico, fraguado durante décadas de complejas negociaciones, acaba de establecer una región de libre comercio con el mismo PIB que el gigante norteamericano. Es hora de potenciar esta alianza económica con una América del Sur joven y vital y quizá sea hora de romper el otro acuerdo transatlántico, el que nos relaciona con la América del Norte decadente y hostil: el de la OTAN.

martes, 6 de enero de 2026

MIEDO

 


El miedo. Uno de los más poderosos estímulos para influir en el comportamiento humano. Fácil de provocar y de contagiar. Si logras que alguien te tenga miedo, tendrás en tus manos su voluntad. Miedo. El manual del neofascismo parece tener una sola palabra: miedo. Líderes malcarados. No hay sonrisas en los rostros neofascistas. Miedo. Envueltos en tonos pardos. No hay colores en la indumentaria neofascista. Miedo. Miedo al diferente, al pobre, al extranjero, al demente, al impredecible, al fuerte, al más fuerte.

La amenaza es una herramienta básica para asustar. Donald Trump parece que solo fue a la academia de neofascismo el día que explicaban ese tema: la amenaza. Amenaza mucho. Luego todo suele acabar en amagos o en ejercicios de efectismo egocéntrico y grandilocuente. Como el del pasado fin de semana. Capturó a un sonriente Maduro, mató a un centenar de personas y montó un espectáculo televisivo. Puro márketing. Por lo demás todo sigue igual (Corina Tellado debería haber pensado un poco en Viriato: Roma no paga a traidores). El petróleo seguirá en Venezuela. La realidad es demasiado compleja para una mentalidad tan simple como la de Trump. Esta operación no va a servir para su “Make America Great Again”. No, las inmensas reservas de petróleo venezolano no fluirán hacia el norte. Ni siquiera el sector petrolífero cree que sea una buena idea en estos momentos. Ese petróleo es mucho, sí, pero es complejo y caro de extraer, de transportar y de procesar. Hacen falta miles de millones de dólares y años de trabajo para ello. A las empresas petrolíferas norteamericanas ya las echaron una vez de Venezuela, después de fuertes inversiones y nadie, menos un octogenario impredecible, les puede asegurar que no les vuelvan a echar antes si quiera de recuperar una nueva inversión multimillonaria. Nada hay más miedoso que el dinero.

Con las pistolas todavía humeantes, las amenazas de Trump continúan. No sabe, no quiere, no puede controlarse: Cuba, Colombia, México, Groenlandia. Este último, un territorio europeo que ya controla con una de las trescientas bases militares que tiene repartidas por el viejo continente, convertidas ahora en amenzantes caballos de Troya. Los europeos no sabemos afrontar las amenazas. La Unión Europea, habitada por generaciones que no han tenido que hacer ningún esfuerzo para disfrutar del bienestar, es puro miedo. Con dirigentes incapaces de encontrar antídotos para ese miedo. Se diría que ni los buscan.

El miedo es poderoso, pero no es infalible, puede desarrollarse inmunidad hacia él. Por ejemplo, no es fácil mantener la integridad mental necesaria para que nos puedan atemorizar, cuando un misil ha matado, desmembrado o traumatizado a toda tu familia. En Gaza por ejemplo. O si has cruzado un desierto huyendo del hambre y ahora estás en una patera. En el Mediterráneo por ejemplo. O si a los siete años perdiste a tu padre, torturado hasta la muerte por defender sus ideas. Por ejemplo. Quizá deberíamos escuchar menos a los que asustan y más a los que no se asustan.

Nueva novela: La pintora de piedras


En febrero se hará de papel mi última novela: La pintora de piedras. Una novela ambientada en el calcolítico, con una trama paralela en el mundo contemporáneo.

Ya en proceso de edición, esta novela supone la última entrega de la trilogía que inicié con El espesor de un lápiz y continué con El renacer de las naturalezas muertas. Tres novelas en las que el hilo conductor es el arte. Sus tres protagonistas, Ata, Héctor y Rafael comparten la necesidad de producir arte.



La prensa local se hace eco del anuncio, incluyendo la novela entre las más esperadas de este año en este artículo.

sábado, 3 de enero de 2026

RESOLUCIÓN ABSOLUTA: PROBLEMA IRRESOLUBLE

 


Demostrar liderazgo precisa más de inteligencia, de paciencia y de talento que de fuerza. Utilizar tu fuerza contra alguien infinitamente más débil, solo sirve para mostrar tu cobardía. Esa fuerza solo se convierte en un macabro espectáculo y un recordatorio de que llegará un día en que dejarás de ser el más fuerte y entonces recibirás de tu propia medicina.

Se escucha mucho eso de que Estados Unidos es una potencia en decadencia, se habla de una sociedad polarizada, con riesgo de infantilización por la amenazadora prevalencia de la superstición sobre la que se cimenta la religión, frente a la razón. Si es así, esa debería ser la principal preocupación de sus dirigentes y no lo que pasa a miles de quilómetros.

Lo que pasó hace unas horas en Venezuela no es nada nuevo. Es el mismo modus operandi que tantas otras veces han empleado los norteamericanos (Libia, Irak, Afganistán, Chile, Panamá…). Pero hay algunos factores que han desaparecido: el talento, la paciencia y los detalles. Antes la administración americana ponía mucha atención a los detalles. Fabricaba con esmero y paciencia escenarios artificiales con los que justificaba sus actos de piratería y sus delirios de grandeza. Los detalles eran fundamentales.

Trump no tiene ni talento, ni paciencia, ni cuida los detalles. Esa es al menos la impresión que da, y en el mundo de fachada en el que vivimos, lo que parece que haces, es infinitamente más importante que lo que en realidad haces. Es burdo y parece actuar a golpe de ocurrencias, o a lo sumo de intuiciones. México, Colombia, Afganistán, Perú, Bolivia, Siria son, según los organismos internacionales, los principales productores de drogas, ni rastro de Venezuela en los listados. Es enternecedor ver a algunos líderes políticos comprar este burdo escenario artificioso que trata de justificar la intervención militar. Lo que sí encabeza Venezuela es el listado de países con mayores reservas de petróleo, la droga a la que las potencias mundiales son tan adictas.

Ni siquiera para escoger el nombre de la operación han mostrado ningún talento. No habrá resolución, ni esta será absoluta. La historia muestra que estas operaciones militares que pretenden ser audaces, por tradición acaban transformando la convivencia y la estabilidad de los países en un problema irresoluble. Pero es que quizá eso sea precisamente lo que buscan estas operaciones. Desestabilizar, provocar guerras civiles, estados fallidos.