Siempre hemos asumido que la colonización del planeta por parte del homo sapiens se debió a algunos hitos cargados de épica y trascendencia: el dominio del fuego, el desarrollo del lenguaje o el manejo de la tecnología. Es cierto, pero hay otros elementos que nos han ayudado a poner al resto de especies a nuestro servicio y a evolucionar como sociedad. El optimismo, la solidaridad, la imaginación, el arte... han cumplido su papel, pero sobre todo hay dos grandes olvidados, que nos han acompañado en este viaje y que tuvieron y siguen teniendo una importancia preeminente: el juego y la risa.
En su ensayo El juego y la risa (Prensa Universidad de Zaragoza, 2025), Alberto Lombo Montañés nos ayuda a descubrir los indicios de cómo estos dos elementos nos han acompañado desde la prehistoria, convirtiéndose en aliados indispensables. Un recorrido fascinante por hallazgos, estudios, hipótesis y conclusiones que el autor desgrana de un modo ameno y didáctico.
El juego nos ha servido siempre como elemento de aprendizaje, de fortalecimiento social y de entrenamiento en el uso de herramientas y con ello ha colaborado de un modo sustancial en la evolución tecnológica.
La risa, por su parte, es una reacción intrínseca, no aprendida. Al contrario que la sonrisa con connotaciones más sibilinas, la risa es de una sinceridad cristalina. Reír sirve, y mucho, para sobrevivir.
No están solos: La imaginación como puerta abierta a la libertad, el sexo como fuente de placer, la pintura como divertimento y la música como lenguaje básico de las emociones son los aliados más preciados del juego y la risa.
También nos muestra el libro las barreras que fueron apareciendo con las sociedades industriales. Sistemas de control como la vergüenza, las fiestas, la religión, el pesimismo, la estupidez… han sido y serán enemigos de la risa y el juego.
Las fiestas, por ejemplo, se han convertido en una herramienta eficaz para acotar y controlar la alegría y, por tanto, a las masas. El pesimismo ha surgido con fuerza en las épocas más oscuras de nuestra historia para sublimar la tristeza y el llanto y demonizar la risa y la diversión. La estupidez de las masas, una herramienta básica para adular a líderes vacuos y extender ideas fijas (una antigua receta que las redes sociales han abrazado con entusiasmo). La religión contrapuesta al juego, en un intento de controlar el azar de un modo serio y alejar así la forma natural de entenderlo como algo lúdico. La mayoría es muy probable que sean solo fruto de la diversión. Aunque tradicionalmente, el arte rupestre y muchos de los vestigios arqueológicos encontrados, han sido estudiados con una visión que concede a la religión un papel más relevante del que las pruebas pueden constatar, es probable que en muchos casos sean solo fruto de la diversión.
Anhelamos la diversión y el tiempo dedicado al ocio, que nos permita ser siempre niños. Las sociedades modernas denostan esos comportamientos; ya desde niños programan las vidas cargándolas de horarios y responsabilidades. Pero no será fácil borrar de nuestra conciencia aquello para lo que mejor estamos programados: jugar y reír.
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