Demostrar liderazgo precisa más de inteligencia, de paciencia y de talento que de fuerza. Utilizar tu fuerza contra alguien infinitamente más débil, solo sirve para mostrar tu cobardía. Esa fuerza solo se convierte en un macabro espectáculo y un recordatorio de que llegará un día en que dejarás de ser el más fuerte y entonces recibirás de tu propia medicina.
Se escucha mucho eso de que Estados Unidos es una potencia en decadencia, se habla de una sociedad polarizada, con riesgo de infantilización por la amenazadora prevalencia de la superstición sobre la que se cimenta la religión, frente a la razón. Si es así, esa debería ser la principal preocupación de sus dirigentes y no lo que pasa a miles de quilómetros.
Lo que pasó hace unas horas en Venezuela no es nada nuevo. Es el mismo modus operandi que tantas otras veces han empleado los norteamericanos (Libia, Irak, Afganistán, Chile, Panamá…). Pero hay algunos factores que han desaparecido: el talento, la paciencia y los detalles. Antes la administración americana ponía mucha atención a los detalles. Fabricaba con esmero y paciencia escenarios artificiales con los que justificaba sus actos de piratería y sus delirios de grandeza. Los detalles eran fundamentales.
Trump no tiene ni talento, ni paciencia, ni cuida los detalles. Esa es al menos la impresión que da, y en el mundo de fachada en el que vivimos, lo que parece que haces, es infinitamente más importante que lo que en realidad haces. Es burdo y parece actuar a golpe de ocurrencias, o a lo sumo de intuiciones. México, Colombia, Afganistán, Perú, Bolivia, Siria son, según los organismos internacionales, los principales productores de drogas, ni rastro de Venezuela en los listados. Es enternecedor ver a algunos líderes políticos comprar este burdo escenario artificioso que trata de justificar la intervención militar. Lo que sí encabeza Venezuela es el listado de países con mayores reservas de petróleo, la droga a la que las potencias mundiales son tan adictas.
Ni siquiera para escoger el nombre de la operación han mostrado ningún talento. No habrá resolución, ni esta será absoluta. La historia muestra que estas operaciones militares que pretenden ser audaces, por tradición acaban transformando la convivencia y la estabilidad de los países en un problema irresoluble. Pero es que quizá eso sea precisamente lo que buscan estas operaciones. Desestabilizar, provocar guerras civiles, estados fallidos.

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