El miedo. Uno de los más poderosos estímulos para influir en el comportamiento humano. Fácil de provocar y de contagiar. Si logras que alguien te tenga miedo, tendrás en tus manos su voluntad. Miedo. El manual del neofascismo parece tener una sola palabra: miedo. Líderes malcarados. No hay sonrisas en los rostros neofascistas. Miedo. Envueltos en tonos pardos. No hay colores en la indumentaria neofascista. Miedo. Miedo al diferente, al pobre, al extranjero, al demente, al impredecible, al fuerte, al más fuerte.
La amenaza es una herramienta básica para asustar. Donald Trump tuvo muchos entretenimientos en sus años mozos y parece que solo fue a la academia de neofascismo el día que explicaban ese tema: la amenaza. Amenaza mucho. Luego todo suele acabar en amagos o en ejercicios de efectismo egocéntrico y grandilocuente. Como el del pasado fin de semana. Capturó a un sonriente Maduro, mató a un centenar de personas y montó un espectáculo televisivo. Puro márketing. Por lo demás todo sigue igual (Corina Tellado debería haber pensado un poco en Viriato: Roma no paga a traidores). El petróleo seguirá en Venezuela. La realidad es demasiado compleja para una mentalidad tan simple como la de Trump. Esta operación no va a servir para su “Make America Great Again”. No, las inmensas reservas de petróleo venezolano no fluirán hacia el norte. Ni siquiera el sector petrolífero cree que sea una buena idea en estos momentos. Ese petróleo es mucho, sí, pero es complejo y caro de extraer, de transportar y de procesar. Hacen falta miles de millones de dólares y años de trabajo para ello. A las empresas petrolíferas norteamericanas ya las echaron una vez de Venezuela, después de fuertes inversiones y nadie, menos un octogenario impredecible, les puede asegurar que no les vuelvan a echar antes si quiera de recuperar una nueva inversión multimillonaria.
Con las pistolas todavía humeantes, las amenazas de Trump continúan. No sabe, no quiere, no puede controlarse: Cuba, Colombia, México, Groenlandia. Este último, un territorio europeo que ya controla con una de las trescientas bases militares que tiene repartidas por el viejo continente, convertidas ahora en amenzantes caballos de Troya. Los europeos no sabemos afrontar las amenazas. La Unión Europea, habitada por generaciones que no han tenido que hacer ningún esfuerzo para disfrutar del bienestar, es puro miedo. Con dirigentes incapaces de encontrar antídotos para ese miedo. Se diría que ni los buscan.
El miedo es poderoso, pero no es infalible, puede desarrollarse inmunidad hacia él. Por ejemplo, no es fácil mantener la integridad mental necesaria para que nos puedan atemorizar, cuando un misil ha matado, desmembrado o traumatizado a toda tu familia. En Gaza por ejemplo. O si has cruzado un desierto huyendo del hambre y ahora estás en una patera. En el Mediterráneo por ejemplo. O si a los siete años perdiste a tu padre, torturado hasta la muerte por defender sus ideas. Por ejemplo. Quizá deberíamos escuchar menos a los que asustan y más a los que no se asustan.



