martes, 6 de enero de 2026

MIEDO

 


El miedo. Uno de los más poderosos estímulos para influir en el comportamiento humano. Fácil de provocar y de contagiar. Si logras que alguien te tenga miedo, tendrás en tus manos su voluntad. Miedo. El manual del neofascismo parece tener una sola palabra: miedo. Líderes malcarados. No hay sonrisas en los rostros neofascistas. Miedo. Envueltos en tonos pardos. No hay colores en la indumentaria neofascista. Miedo. Miedo al diferente, al pobre, al extranjero, al demente, al impredecible, al fuerte, al más fuerte.

La amenaza es una herramienta básica para asustar. Donald Trump tuvo muchos entretenimientos en sus años mozos y parece que solo fue a la academia de neofascismo el día que explicaban ese tema: la amenaza. Amenaza mucho. Luego todo suele acabar en amagos o en ejercicios de efectismo egocéntrico y grandilocuente. Como el del pasado fin de semana. Capturó a un sonriente Maduro, mató a un centenar de personas y montó un espectáculo televisivo. Puro márketing. Por lo demás todo sigue igual (Corina Tellado debería haber pensado un poco en Viriato: Roma no paga a traidores). El petróleo seguirá en Venezuela. La realidad es demasiado compleja para una mentalidad tan simple como la de Trump. Esta operación no va a servir para su “Make America Great Again”. No, las inmensas reservas de petróleo venezolano no fluirán hacia el norte. Ni siquiera el sector petrolífero cree que sea una buena idea en estos momentos. Ese petróleo es mucho, sí, pero es complejo y caro de extraer, de transportar y de procesar. Hacen falta miles de millones de dólares y años de trabajo para ello. A las empresas petrolíferas norteamericanas ya las echaron una vez de Venezuela, después de fuertes inversiones y nadie, menos un octogenario impredecible, les puede asegurar que no les vuelvan a echar antes si quiera de recuperar una nueva inversión multimillonaria.

Con las pistolas todavía humeantes, las amenazas de Trump continúan. No sabe, no quiere, no puede controlarse: Cuba, Colombia, México, Groenlandia. Este último, un territorio europeo que ya controla con una de las trescientas bases militares que tiene repartidas por el viejo continente, convertidas ahora en amenzantes caballos de Troya. Los europeos no sabemos afrontar las amenazas. La Unión Europea, habitada por generaciones que no han tenido que hacer ningún esfuerzo para disfrutar del bienestar, es puro miedo. Con dirigentes incapaces de encontrar antídotos para ese miedo. Se diría que ni los buscan.

El miedo es poderoso, pero no es infalible, puede desarrollarse inmunidad hacia él. Por ejemplo, no es fácil mantener la integridad mental necesaria para que nos puedan atemorizar, cuando un misil ha matado, desmembrado o traumatizado a toda tu familia. En Gaza por ejemplo. O si has cruzado un desierto huyendo del hambre y ahora estás en una patera. En el Mediterráneo por ejemplo. O si a los siete años perdiste a tu padre, torturado hasta la muerte por defender sus ideas. Por ejemplo. Quizá deberíamos escuchar menos a los que asustan y más a los que no se asustan.

Nueva novela: La pintora de piedras


En febrero se hará de papel mi última novela: La pintora de piedras. Una novela ambientada en el calcolítico, con una trama paralela en el mundo contemporáneo.

Ya en proceso de edición, esta novela supone la última entrega de la trilogía que inicié con El espesor de un lápiz y continué con El renacer de las naturalezas muertas. Tres novelas en las que el hilo conductor es el arte. Sus tres protagonistas, Ata, Héctor y Rafael comparten la necesidad de producir arte.



La prensa local se hace eco del anuncio, incluyendo la novela entre las más esperadas de este año en este artículo.

sábado, 3 de enero de 2026

RESOLUCIÓN ABSOLUTA: PROBLEMA IRRESOLUBLE

 


Demostrar liderazgo precisa más de inteligencia, de paciencia y de talento que de fuerza. Utilizar tu fuerza contra alguien infinitamente más débil, solo sirve para mostrar tu cobardía. Esa fuerza solo se convierte en un macabro espectáculo y un recordatorio de que llegará un día en que dejarás de ser el más fuerte y entonces recibirás de tu propia medicina.

Se escucha mucho eso de que Estados Unidos es una potencia en decadencia, se habla de una sociedad polarizada, con riesgo de infantilización por la amenazadora prevalencia de la superstición sobre la que se cimenta la religión, frente a la razón. Si es así, esa debería ser la principal preocupación de sus dirigentes y no lo que pasa a miles de quilómetros.

Lo que pasó hace unas horas en Venezuela no es nada nuevo. Es el mismo modus operandi que tantas otras veces han empleado los norteamericanos (Libia, Irak, Afganistán, Chile, Panamá…). Pero hay algunos factores que han desaparecido: el talento, la paciencia y los detalles. Antes la administración americana ponía mucha atención a los detalles. Fabricaba con esmero y paciencia escenarios artificiales con los que justificaba sus actos de piratería y sus delirios de grandeza. Los detalles eran fundamentales.

Trump no tiene ni talento, ni paciencia, ni cuida los detalles. Esa es al menos la impresión que da, y en el mundo de fachada en el que vivimos, lo que parece que haces, es infinitamente más importante que lo que en realidad haces. Es burdo y parece actuar a golpe de ocurrencias, o a lo sumo de intuiciones. México, Colombia, Afganistán, Perú, Bolivia, Siria son, según los organismos internacionales, los principales productores de drogas, ni rastro de Venezuela en los listados. Es enternecedor ver a algunos líderes políticos comprar este burdo escenario artificioso que trata de justificar la intervención militar. Lo que sí encabeza Venezuela es el listado de países con mayores reservas de petróleo, la droga a la que las potencias mundiales son tan adictas.

Ni siquiera para escoger el nombre de la operación han mostrado ningún talento. No habrá resolución, ni esta será absoluta. La historia muestra que estas operaciones militares que pretenden ser audaces, por tradición acaban transformando la convivencia y la estabilidad de los países en un problema irresoluble. Pero es que quizá eso sea precisamente lo que buscan estas operaciones. Desestabilizar, provocar guerras civiles, estados fallidos.