viernes, 6 de febrero de 2026

No habrá paz para los mezquinos

 


El polideportivo de Ronda estaba preparado anoche con centenares de camastros de campaña para los evacuados de Grazalema. Han sobrado la mayoría de ellos. Las puertas de las casas se han abierto de par en par. Una vez más, la solidaridad se ha desbordado tanto o más que el agua. Aun así, algunos sí que han pasado allí la noche. Una de ellas, esta mañana, angustiada por la situación, ha decidido que lo mejor que podía hacer era comportarse como si fuese un día normal. Un viernes más. Le han prestado un lápiz de labios, rímel, un cepillo para el pelo... y se ha “arreglado”. Mientras lo hacía, mirándose al espejo, un llanto sosegado, pero sin consuelo, se ha apoderado de ella. Recordaba a otros que hace quince meses no tuvieron tanta suerte. Recordaba a los 229 muertos durante una dana que ni siquiera tenía nombre (poner nombre a los problemas, a los enemigos o a las borrascas ayuda a combatirlos). Sin poder contener el llanto, un sentimiento empezaba a apoderarse de ella. Todos y cada uno de aquellos muertos le habían salvado. Una sensación que ella, sola ante el espejo, tenía al mismo tiempo que muchos otros: La catástrofe vivida en Valencia ha hecho que, ante esta emergencia y ante las que le seguirán, las autoridades hagan lo que se espera de ellas. Proteger a los ciudadanos.

Es evidente que es una sensación lícita. Parece que, al menos por un tiempo, hemos desarrollado eso que han bautizado como “cultura de la emergencia”. Todos. También los responsables de actuar ante esas emergencias. Pero en ese sentimiento hay una parte injusta. Cabe la posibilidad de justificar, solo en esa catarsis colectiva que supuso la catástrofe del 29 de octubre de 2024, la impecable actuación ante la borrasca Leonardo. No. No es justo. Hace quince meses nadie tenía esa cultura de la emergencia. Cierto. Pero lo que sí teníamos los ciudadanos valencianos era a unos dirigentes que demostraron su mediocridad y su mezquindad antes, durante y después de la catástrofe. Por momentos ensañándose en esa demostración hasta provocar el vómito. No. Por mucha cultura de la emergencia que desarrollemos, no debería haber paz para los mediocres y los mezquinos que, por dejadez, omisión o incapacidad provocaron centenares de muertos.