jueves, 15 de mayo de 2014

Primavera de microrrelatos indignados 2014




A continuación aparecen los microrrelatos recibidos y los enlaces con el resto de blogs participantes en los que se pueden leer más microrrelatos indignados:


La increíble mujer menguanteRelatos de andar por casa, Pliegos volantes, Dominique VernayMinificcionesPotaje de palabras, ¡ay maricarmen!, Gotas de luzpálida, Microrrelatos ilustrados, Eternidades y pegos, Elena Casero, Hijos de la luna, Desde mi pinar, Mis historias, Pensamiento dinámicoVan al aire, Letricidios, La levita del lagartoUn chin de palabras, El circo, El cobijo de una desalmada, Pequeñas tretas, El rincón de Nicolás Jarque, El perro que no ladra, Lola Sanabria, Niebla eterna, El rincón de la bruja de chocolate, microSeñales de Humo, La toalla del boxeador, Microrrelatos al por mayor, Un libro es un jardín de bolsillo, Intervalos: el lado oscuro de la mirada, La casa encendida, montesdetoledo, Diseños by Elyely, Mi modo de ver la vida, Arrimados a la sombra, Cuervos para tus ojos, Pativanesca, Andrómeda, Petra Acero, La puerta de la esperanza, La colina naranja.




DIMENSIONES

La noche se despereza y exhibe su mirada lejana y parpadeante. Trenes dormidos en la vieja estación esperan que un hombre de gorra y uniforme les despierte el alma. Son las dos de una madrugada de invierno. Perros deambulan ansiando lugares ausentes de escarcha. El linyera se arma una cama improvisada de cartón y trapos para mantener sus sueños calientes hasta que amanezca. Antes de que los párpados se le acomoden serenos mira el cielo nocturno y siente que cada estrella que muere deja un vacío en su corazón. Un cometa miente una herida en la bóveda sin luna de la ciudad, y se pierde después de que él pide sus tres deseos infinitamente repetidos y negados. Impreciso, el rocío cae mojando las veredas por donde una pareja trasnochada camina, besándose irreverente ante el sueño recién estrenado de los otros. Un cartel luminoso se despierta sobresaltado y abre, a deshora, las hojas de los árboles que creen que despunta.
Aquel hombre abandonado por los que pueden, sólo mide el alcance de su oscura placidez nocturna, y no pide más.

Lidia Castro Hernando

Foto: Víctor Aranda García


MAYO EN MADRID: EL ALEPH

Veo un tarot con las cartas marcadas, la muerte, guadañas, carros de fuego y águilas negras que anuncian imperios. Gritos bacantes, el odio en los labios, el mundo se expande a la luz de otros astros. Trasgos perdidos en bosques, arcanos y cantos de brujas, sonidos de selva, el trotar de un caballo y el grito de Akela.
Es el rumor de los sueños y alguien que clama venganza, huelo a futuro en las risas de un chico que brinda en la plaza, lluvia en su cara limpiando ese barro atrasado. Sé lo que espera con ansia, corales brillando en sus ojos, voces de un joven que acampa, página en blanco y un sol por bandera llamada esperanza.

Carmen Peire


LAS NOTICIAS
 
En la actualidad, los políticos y empresarios corruptos, que por cierto parece que no hay pocos, compiten en popularidad con los famosos deportistas y personajes del mundo de la farándula, que por influencia de la lengua dominante y sobre todo de la televisión empiezan a llamarse celebrities, con acento castellano.
 
Y es eso, van tan impunes por la vida, tan panchos por ella, exhibiendo su arte de “me llené los bolsillos porque me dio la gana y tú te jodes”; como si fuese el de cualquier famoso jugador que mete un gol de vaselina y nos lo meten por la sopa durante días en todos los medios; o la actriz de turno que enseña media teta en la alfombra roja y el video en yo tuve, perdón Youtube, alcanza máximo de veces visto nunca antes conocido.
 
En fin, algo está mal, como mal está que apenas se haga nada, no ya solo contra la corrupción y el que la siembra, también contra el que la defiende y tiene además el poder de combatirla.
 
El próximo golazo que se marque que sea contra eso, promulgándolo por activa y por pasiva en todos los medios, aunque dudo mucho tanto lo uno como lo otro, algo harían para evitarlo tanto los unos como los otros.
 
 
Antonio Ortuño Casas

 RELATIVISMO.
 
La perversión del lenguaje, la condición de individuo desvela que cada hombre vive en un mundo distinto. En realidad no cambia el mundo, lo que varía es la realidad del individuo. Lo que unos sienten como hambre otros lo llaman subsidio.  El miedo del que nada tiene contrasta de manera alarmante con la aplastante seguridad del que lo tiene todo. El exceso de suficiencia mostrado por estos, poco tiene que ver con las carencias crónicas en las que sumidos se hallan aquellos. La libertad de elección no existe, le necesidad se ha plegado a la exigencia sin paliativos que han impuesto los mercados. Se han eliminado las fronteras en  lo económico,  pero en el día a día de las personas los muros se han multiplicado. La intolerancia viste de Prada y en opulentos despachos se negocia dignidad siempre a precios rebajados. El Capital no da tregua, el cielo desheredado, clama contra la injusticia del que vive como esclavo. El  poder  expande su alargada sombra sobre campos de esperanza donde la luz desvelada de un lejano amanecer precipita nuestro ayer hacia un oscuro mañana.

Rafael Aracil Alemañ.

REGALÍA
 
«¡Caracoles, qué notición! Nos devuelven la costa, abuelo. El Señor Presidente, en un alarde de magnanimidad, sin emplear para ello circunloquios ni diplomacias, ordenó a los hoteleros, pilluelos de mala leche, que derribaran muros y cercos y le devolvieran al pueblo lo que en mala hora le esquilmaron en tiempos de neoliberalismo cruel. Eso quiere decir en plata blanca que se acabaron las playas privadas». «Ay, Perico, no seas maje, no dejes que las apariencias te engañen. El tal alarde no es magnanimidad de estadista sino demagogia de politiquero». «¿Cómo demagogia?». «Muy fácil, Perico. De esas artimañas y embelecos están llenas las historias de nuestros pueblos. Las multinacionales carboníferas les ganaron la partida a las multinacionales hoteleras en lo que al reparto de nuestro pastel se refiere. De seguro le habrán pitado una comisión más gorda a nuestro estadista. Ahora bien, dado que por aquí sacarán el carbón y que los muy tunantes no se cuidarán ni por un segundo de impedir que el polvo del mismo se esparza por donde le dé la gana, estas playas tienen sus días contados. Por tal razón, echado a perder el negocio, los hoteleros remataron sus bienes, cobraron su indemnización y pelaron el gallo». «Si entendí bien todo este berenjenal, demagogia es el polvo de carbón». «No, hijo. Demagogia es el arte de ganarse con halagos el favor popular. El polvo negro es lo que a nosotros nos tocó del negocio de marras. Nuestra regalía, para expresarlo en lenguaje económico».

José A. Ramírez Barrero

Foto: Virginia González Dorta

EVOCANDO A KAFKA
 
Amanece
 Bigotudo dictador  frente a su escritorio. Un centenar de solicitudes  de amnistía  frente a él. Firma la mayoría. Considera la petición del comisario. Los ojos del  difunto le recuerdan  la orden.  .
La devuelve sin firmar, con plena conciencia de la injusticia.  
 El muy miserable  no pudo saltar fuera de su sombra.
 
Atardece
 Benévolo comisario  . Todos los años en épocas navideños resurge la esperanza de pasar esas fiestas con su esposa e hijos..   
 Treinta años,  por crímenes que nunca  cometió  y por la miseria humana de  sus cancerberos que lo saben inocente,  es como mucho
La esperanza se va por las rendijas.  La dignidad sigue allí impasible, inquebrantable.
 
Atardece
Bronceados, contentos, los niños han disfrutado de una tarde de piscina y juegos construidos para ellos por el papá.  Ahora  prefieren pasar los domingos  y días de visita aquí,  en lugar  que el  padre vaya a la casa de permiso.
El papá es el pran[1]  de la cárcel.
 
 Anochece
  Bella,  cónyuge del comisario prepara la cena. Su hija adolescente enciende la televisión.  .   El dictador,  anuncia haber negado la medida humanitaria  para su padre. Un incontenible llanto las inunda.
  
Kafka se hubiese estremecido ante esta situación.

[1] Pran: termino  “pran”  : Prisionero/Reincidente/Asesino/Natural. Es una palabra originada en Puerto Rico. El pran es el que controla en las cárceles el tráfico de drogas, armas, extorsión y amenaza contra otros presos.

Deanna Albano

EL TRATO

Erase una vez un niño. Hoy se despierta muy pronto. La víspera ha dejado sus zapatos junto a la ventana. Al verle colocarlos con mucho cuidado —en paralelo— su madre no ha dicho nada. Ella nunca dice nada desde que volvieron de aquel otro país. Su hermano mayor, apenas si le ha hecho caso, y su padre le ha recordado que tenía que ser razonable, que todo había cambiado... ¡Cómo si fuera necesario recordárselo!
El niño se acerca a la ventana y pega la nariz contra el cristal. El vaho de su respiración va formando una ventanita en la ventana, como una puerta gatera para miradas. De repente, un coche negro brillante se para delante de la puerta de la casa, y el pequeño ve salir a un extraño Papá Noel envuelto en un abrigo negro y brillante también. ¡Cuántas cosas no le gustan de este nuevo país! Pero, por si acaso, el niño vuelve a la cama y cierra los ojos, muy fuerte. La puerta se abre. Unos pasos. La puerta se vuelve a cerrar, y un aire helado, halitosis del invierno, llena la habitación. El niño entreabre los ojos... ¡Es una bici roja tal y como la había pedido!
En la calle, el hermano mayor se despide del extraño Papá Noel.
—No te olvides que a partir de ahora trabajas para mí —le dice el viejo barrigudo antes de volver a desaparecer en su trineo blindado.

Dominique Vernay Juillet




 WHATSAPP

—Papá, papá que ya no hace falta que me vengas a buscar a la salida para llevarme la mochila. ㋡㋡
 —Ni que te traigas el banquito para que tu mano alcance mi cabeza y así poder revolverme el pelo como cuando era pequeño. ☃
Que se han quedado sin fondos para el proyecto, así que ahora ya no podré darte ni si quiera ese diez por ciento de los ochocientos euros de la beca. ✂✂✂
También me dice el abuelo que él se puede hacer cargo, propone darte el porcentaje que el gobierno ha subido este año las pensiones, pero que como eso es una miseria, no hace falta que le vayas a buscar al parque cada mañana para agradecérselo, como hiciste cuando te asignó veinte euros al acabársete el paro. ◕ ‿‿ ◕ ◕ ‿‿ ◕
Y mi hermana te recuerda que en cuanto nazca su hijo, dentro de tres meses, ya no podrá darte nada. $$$
Creo, papá, que dadas las circunstancias, lo mejor es que intentes convertirte en el amante de la vecina del quinto: sé de buena tinta que su nuevo marido pasa mucho tiempo fuera de casa, gestionando economías B al parecer, tiempo que tú podrías aprovechar –además de en lo que estás pensando- en ducharte, quitarte el hambre, y esas cosas. ( ̲̅:̲̅:̲̅:̲̅[̲̅ ̲̅]̲̅:̲̅:̲̅:̲̅ )
Ahora venga, vete sino hoy te quedas sin comer, que la cola del comedor social cada día es más grande.
Y eso es todo. ♥ ♥ ♥ ♥. Luego te ☎

Paloma Hidalgo Díez


DUELE

Sabía que era ya viejo y que estaba tan oxidado que las ganas de vivir le chirriaban. Todos habían presupuesto que se dejaría llevar y que sacarle de casa sería tan fácil como necesario. Todos menos él.
Una vez fuera le entró el pánico propio de los suicidas y temía encontrarse a un agente judicial escondido tras los coches, ya había ocurrido otras veces y no era una locura pensar en ello. En su bolsillo la orden de desahucio parecía palpitar nerviosa, como si sólo estuviera cómoda en casa, al abrigo de unas cortinas que dejaban ver al público indiferente.
-Malditos sean!, se repetía entre dientes mientras caminaba a por la comida para la semana. Frugal a la fuerza, nada de excesos era su máxima.
En la tienda de barrio la gente iba y venía como bolas en una máquina de pinball, chocando los unos contra los otros a fuerza de desconocerse.
Pensó en su mujer ahora enterrada. En los días que siguieron a la orden de desahucio y a los temblores nocturnos de ambos que les hacían un daño irreparable. Pensó en lo frágiles que se volvieron y  en cómo una mañana ella dejó de aguantar.
Volvía a casa amarrado a una barra de pan y a una lata de sardinas que fueron las primeras en caer al suelo, en silencio, mostrando el mundo la indiferencia ante un cuerpo viejo muerto en el suelo, con un papel arrugado en las manos.

Alejandro Sánchez-Crespo Pérez


INCIERTA GLOBALIDAD

Sentada en el pequeño sofá, mira con desaliento sus objetos más valiosos, no sabe cuál escoger. Una medallita con forma de corazón, regalo de su tío al volver de Venezuela. La sortija de su bisabuela, la que se casó en Cuba. Unas antiguas monedas, pequeño tesoro familiar que, según le contaban, era el salario de uno de sus antepasados en la guerra de Flandes. En una cajita, una figurilla etrusca que le obsequió su marido en Roma, por su aniversario de bodas.
Un sobrecito mareado por el tiempo guarda los pendientes que le trajo de Katmandú aquel primer novio. El cofrecillo de nácar de  Filipinas, conserva un reloj de bolsillo del padre marinero.
Sobre la mesa, la notificación del ingreso de su hijo, allá en Canadá. Aún le falta por llegar la ayuda del otro, el que trabaja de repartidor en Suiza. Porque de su hija, que se fue a dar clases de español la semana pasada a no recuerda qué ciudad de Japón, todavía no tiene noticias.
Mientras pasa la vista por las prendas, en el anaquel de enfrente, arrumbada entre los libros, la bola del mundo con la que estudiaban sus hijos, descascarillada y sin los vivos colores de antaño, parece entonar una canción de despedida. También a ella le palpita la desazón, navegando ríos, andando montañas, cruzando continentes.
Nada habrá que consuele ni a la una ni a la otra.

Virginia G. Dorta


CONDENADOS


Al parecer hay más de una forma de conquistar una ciudad
y de mantenerla bajo el dominio propio.”

Carta, sin fechar,  de Groucho Marx a la Compañía Cinematográfica Warner

Creo recordar que fui a su casa un día de invierno. Vi que él estaba solo, sin la compañía de  sus amigos de siempre.
El otro se los llevó —me dijo.
Supongo que era invierno porque si hago memoria sobre aquel hecho y me concentro con todas mis fuerzas, siento un frío de escarcha cubriéndome los pies. Es posible que yo anduviese  buscando las huellas del rapto en esa escarcha, que continuara mi pesquisa dentro de los galpones, escarbando entre las herramientas en desuso. Es posible que caminase hasta los viejos portones de la fábrica abandonada.  No sé si fue un delirio pero entonces a mi lado pasó un ser compuesto solo por una cabeza humana de la que salía un vientre enorme (como si el monstruo estuviese preñado) de su ombligo surgían hombres diminutos vestidos de traje y corbata;  trotaban a su lado procurando que la bestia no los pisoteara. Tanto esfuerzo elegante causaba gracia.  Creo que reí.
Creo que grité mi desconsuelo.
Una mañana el otro vino por él. Era verano. Tomé una piedra,  con un cincel grabé su nombre. Y las palabras de costumbre: "Otro más."


Patricia Nasello


Foto: Virginia González Dorta

BLANCO Y NEGRO
-Negro de mierda, lástima que no se hundiera la patera en la que viniste! ¿O saltaste la valla? ¡No tú no, eres más flaco que el tobillo de un canario! Ya estoy harto de ver tanto negro por aquí, sois demasiados, ¿sabes?
    Al joven subsahariano le temblaban las manos mientras recogió deprisa la maleta expositora de la que pocos artículos salían. No le temblaban por miedo, sino por la rabia contenida dentro de él, esa que consume cuando no tiene salida, cuando el desprecio y la soberbia de un blanco inculto merecían una contestación de puños. Bastante tenía con tener para comer, con evitar a la policía y ahora encima tener la mala suerte de tropezar con un borracho que le sermoneaba cerrándole el paso. ¡Y qué gestos de desprecio emitía! No entendía mucho todavía, apenas tenía ocasión de hablar con la gente del país. Lo justo para enseñar su mercancía y decir “barato, barato”. Estaba bajo el mando de un distribuidor que le animaba a ser buen comercial, pero no encontraba mucha clientela. Todo era tan diferente a lo soñado...
    Había adelgazado mucho desde la salida de su país, le sobraban dos tallas de pantalón, las zapatillas le venían un número pequeñas. Sabía cómo duelen las estrecheces. Tenía hambre y sueño, quería dejar al bocazas tras de sí y encontrar un sitio para dormir, hoy que no llovía.
Petra Dindinger 


IGUALDAD DE GÉNERO

Entró decididamente en la casa de empeños, se paró delante del dueño y le explicó su situación:
Se me han agotado los recursos y mis hijos deben comer. Vengo a venderle lo poco que me queda: mis anhelos.
Al hombre le calaron muy hondo las palabras de la mujer y su capacidad de sacrificio y terminó pagándole más del doble de lo que indicaba el catalogo que en realidad valían, sus intenciones de terminar sus estudios de la ESO y su deseo de viajar y conocer mundo.
Cuando al poco tiempo volvió, le comentó al hombre:
Sabe que yo no era consciente de la cantidad de ilusiones que tengo. Increíble ¿no? Con la que está cayendo.
Usted disculpe – dijo el dueño del comercio – pero ¿no tiene algo “más rentable” para vender?
Por la mirada de la mujer pasaron como un rayo, la ira, la frustración y la vergüenza, pero recobrándose con rapidez y sin alterarse le preguntó:
Apelo a su sinceridad y a su hombría de bien: si estuviera en mi misma situación, ¿sería capaz de vender su dignidad?
El hombre bajó la cabeza abochornado y casi en un susurro le dijo que no.
Pues ahí tiene usted la verdadera igualdad. A la hora de la verdad, cuando se es buena gente no importa el sexo, el color, la religión, el partido político, ni con que cuadro de fútbol simpatices. La dignidad no tiene precio, ni siquiera a costa del hambre de nuestros hijos.
Sandra Monteverde Ghuisolfi 


CÓMO SE CONSIGUIÓ LA PIEDRA FILOSOFAL
«Este microrrelato es pura ficción. Cualquier parecido con personas, circunstancias o instituciones, créanlo, de verdad, es mera coincidencia»
Crisoles, redomas, un tribikos y el atanor del alquimista fallecido ardieron en la hoguerajunto a las pruebas de sus experimentos, hasta que todo quedó reducido a una masa informe de la que no se vio escapar en ningún momento ni una sola voluta de humo. Este prodigio confirmó las sospechas de idolatría que pesaban sobre aquel, y el arzobispo regó con agua bendita las últimas brasas. Fue entonces cuando una delgada columna de humo, con la consistencia de algo sólido, ascendió durante tres días, desde esos rescoldos hasta el cielo, donde conformó una espesa nube similar a las de las tormentas.
Ante la atenta mirada de todos, pues esperaban un nuevo prodigio, una primera gota, preludio de las riquezas con las que el cielo quería obsequiarlos, brilló contra el fondo grisáceo de la nube y fue a caer sobre el empedrado de la plaza, donde rebotó con un tintineo metálico y amarillo. La lluvia que estalló a continuación inundó las calles y colmó todas sus expectativas.
La Iglesia no tardó en reclamar como suyo aquel don divino que había sido otorgado bajo su concurso, pero el pueblo se negó entregarlo. La unión hace la fuerza. Por eso, para arrebatárselo tuvo que solicitar la ayuda de las autoridades civiles y del ejército. Desde entonces, ese mutuo acuerdo se ha consolidado, y, cuando alguna de estas instituciones necesita oro, ya sabe cómo conseguirlo.


Rafa Heredero García




QUERIDO MAESTRO
Hacía muchos años que había perdido el contacto con don Emilio y contemplarle allí, desnudo en la azotea y lanzando proclamas a favor de la república, heló mi corazón.
Había sido mi maestro durante varios cursos de primaria y nos enseñó a reflexionar sobre el valor del ser humano, debatiendo sobre la sociedad que nos rodeaba.
Aunque no había vuelto a verle había seguido estando muy presente en mi pensamiento. No en vano él había forjado mi vocación de servicio social que me había llevado a querer ser bombero.
Y esa noche, al acudir al aviso de que había que desalojar a un loco que se había encerrado en la azotea de su casa y reconocerle, fui yo el que se derrumbó.
Mi querido maestro había terminado convertido en una víctima más de los injustos recortes sociales provocados por la crisis económica. Tenía que subsistir con una exigua pensión, sin ayudas, cada vez más enfermo a causa de la mala alimentación y del frío, pues no podía pagar la calefacción en invierno.
El abuelo no se toma las pastillas desde que las tiene que pagar, pero está más distraído gracias a las voces de su cabeza…” me contó una vecina. En su senil demencia creía estar luchando contra el régimen franquista y organizaba en su cabeza mítines que lanzaba al vecindario con pasión juvenil.
Subí al tejado, le abrigué con mi chaquetón reglamentario y me lo llevé de allí. A mi casa, conmigo, donde, hace unos días, murió en paz. 

Patricia Richmond


CRÓNICA DE OTRA MUERTE ANUNCIADA
Nos mirábamos unos a otros imitando caras de ignorancia y perplejidad, aunque sabíamos a ciencia cierta que todo era fruto de nuestra propia creación, de nuestro fiel monstruo parido a escondidas en el bosque de los apátridas.
Bien es cierto que no conocíamos los ardides que empleaba la bruja, raptada en los confines del tiempo, para que volvieran a creernos.
Nosotros nos limitábamos a ofrecer grandiosos espectáculos de circo y sabroso pan de adormidera, eso sí, siempre en las dosis prescritas por nuestro particular Merlín, mientras disfrutábamos a escondidas, o eso creíamos, emborrachándonos y fornicando en orgías perpetuas olvidando la profecía.
Pero el niño, nacido con la marca en el pecho, justo a la altura del corazón, creció. Y cuando sus palabras agitaron tantas otras contenidas, se abalanzó sobre nosotros tan solo con claveles como látigos, pero con un ejercito millonario de indignados que nosotros seguíamos llamando gamberros y perro-flautas.

Javier Palanca Corredor

CUENTOS A TUTIPLÉN
Érase una vez un pirómano que incendió el banco que gestionaba, redujo a rescoldos los ahorros de miles de clientes y se refugió de la lluvia de cenizas en su castillo de fuegos artificiales. Y colorín colorado, diecinueve horas entre rejas después, este cuento se ha acabado. Qué corto, ¿verdad? Si quieren, les cuento el de un yerno que…

Susana Revuelta


DELIBERACIONES DE ALTURA 

No se ponen de acuerdo. Unos hablan de una mutación del cromosoma Y. Otros de una rara anomalía genética que provoca ambigüedad en los genitales. Se han aportado pruebas sobre un tipo de hermafroditismo que vuelve delicados y livianos a quienes lo sufren.  En los pasillos se cruzan expertos y asesores procedentes de todas las disciplinas: políticos, economistas, especialistas en arte antiguo y rabinos estudiosos de la cábala.
Mientras en las comisiones de la Cumbre Internacional representantes de todos los países deliberan sobre el sexo de los ángeles, yo intento llenar el carro de la compra familiar con veinte euros.

Paz Monserrat Revillo 


NO NOS LO PUEDEN QUITAR

Llega a casa muy entrada la tarde, ya anochecido. Los niños dormidos, la parienta enfadada. El día fue largo, la comida escasa y la pila de facturas en aumento. Sin ganas de hablar, mucho menos de cualquier otra cosa, el agotamiento y la impotencia le llevan a un sueño inquieto, poblado de pesadillas. Se vuelve a ver en el tajo, como cada día, sin levantar la cabeza, largas jornadas, mísero sueldo, y quiere protestar porque además no ve a sus hijos, porque la mujer está tan triste que no la reconoce. Pero aparecen millones de parados que igual que zombis le quieren atacar, “no puedes, tienes trabajo”, le repiten en una cantinela que martillea su oído y le despierta empapado.
Al levantarse, sonríe a la esposa por primera vez en mucho tiempo, y dice a los chicos cuanto les quiere. Cuando llega al trabajo, reúne a los compañeros y llaman al encargado, tienen que negociar. Después de muchos gritos y varias amenazas, no han conseguido mucho, algo sí. Que hoy, cuando regrese no tenga pesadillas, se duerma de acuerdo consigo mismo. Hasta su mujer se lo nota y le mira con algo más de orgullo.

Esther Cuesta de la Cal


HAGAMOS CUENTAS.


A él nadie le avisó de que estaba “viviendo por encima de sus posibilidades”, al contrario, al solicitar el préstamo le invitaron a “pedir un poco más”,”así te compras la moto de tus sueños”. Bastaron tres últimas nóminas, el aval de sus padres y un supuesto contrato indefinido, para que el director de la entidad garabateara su rúbrica. En una escueta reunión con el notario, firmó su cadena perpetua: doscientos mil euros en una hipoteca garantizada por un piso de 50 metros en un residencial a las afueras de la ciudad que prometía ser lo más selecto de la localidad.

Camina hacia su hogar tras una jornada de once horas de trabajo en un centro comercial. Las piedras se le meten por los agujeros de los zapatos, ¡dichosa calle sin asfaltar! Es domingo, cuando llegue sus hijos estarán acostados. María esperará despierta para hacer las cuentas. A ver como se presenta esta semana, si a ella le ponen unas horas extra en la empresa, la pasarán con holgura. La hipoteca se lo traga todo: se alimentó de la moto, de sus ahorros, de las reservas de sus padres, de su despido improcedente…no deja de devorar.

A lo lejos ve una ventana alumbrada por una vela. María ya ha apagado las luces. Lo espera abrigada en su manta verde, a la luz de la candela, sumergida en un libro de “baratillo”. Lo espera con la sonrisa prendida en el rostro ¡Que afortunado es, María no tiene precio!

Isabel Martínez


Foto: Marta Sánchez Payerpaj

MARIPOSAS MONARCAS

Cada dos por tres surgían nuevas alimañas, se descubrían nuevas corruptelas y poderosos con diferentes métodos de eliminar personas, iban alternándose en el poder. Los mismos perros con distintos collares.
Jules se cansó de discursos vacíos. Recorrió paisajes sin territorio y supo de insurgentes y otras maneras de defenderse.
Descubrió que existían otros seres cuya fuerza estaba en las miradas, aquellos que parecían nadie porque a fuerza de ser intocables, menguaban hasta pasar de puntillas por la vida. Sintió que había algo más que mariposas monarcas y decidió  dar voz a esas personas que saborean cada minuto, los que arrastran alegría  allí donde pisan. Las que vuelan por mercados ambulantes, entre senderos sin destino.
Esas personas que lo son porque no saben de miedos, las que contagian de forma imperceptible, el gusto por vivir.
Aquellos a los que siguen matando aunque disminuyan las guerras encubiertas, o las hambrunas por sequías, denegando subvenciones en cooperación.


Marta Sánchez Payerpaj  (Deolas Ymares)


HUÉRFANOS

Para qué, papá, nos traen acá, para qué, preguntaban voces sin rostro. Algunas hablaban quechua, pero los lamentos no necesitan traducirse; la desesperación posee un código que todos sabemos descifrar. Traían ojos hinchados, mejillas lustrosas, trenzas a punto de desatarse. Las ropas sucias, rasgadas. Arrastraban palas levantando polvo de camino al cementerio. Las pateábamos, obligándolas a continuar. Del gentío salían brazos intentando tocarnos, las distanciábamos hincándolas con los cañones de nuestras armas. Disparábamos al aire si se envalentonaban o escapaban. Para qué, papacito, nos traen, se quejaban. Les hicimos cavar con sus manos, primero, durante horas, hasta que sangraron sin uñas. La tierra se hacía barro rojizo. Con la cacha del fusil les reventábamos la ceja o les rompímos la cabeza si se detenían. Suficiente no es con matarnos nuestros esposos, papá, clamaban arañando el suelo. Solo cuando no pudieron más con las manos les lanzamos las palas. La compasión no existe cuando se cumplen órdenes. Para nosotros ya estaban muertas, antes o después no importaba. Fumamos escuchando cumbia en una radio a pilas, matábamos el rato. No nos maten papacito, suplicaban, nosotros de nada culpa tenemos. Cavaron un agujero tan grande como para albergar nuestros pecados, les ordenamos parar cuando ya cabían adentro. Se abrazaron, ancianas, madres e hijas. Entonces, empezaron a gritar más fuerte, aquellas mismas voces desgarradoras que vengo escuchando desde entonces. Quién pues va a cuidar nuestros hijos, papá, gritó una de ellas antes de que una voz ordenara abrir fuego.

Christian Solano

AL OTRO LADO DEL CRISTAL

-¿Qué crisis?, el sitio a tope. Sábado por la noche y mira, todo el mundo con su cervecita y su tapa. Y aquí estamos, esperando mesa porque sin reserva no hay quien pille una.
-¡Ya te digo!, nosotros fuimos el otro día a reservar hotel para el puente y por poco nos quedamos sin habitación, ¡estaba casi completo!, yo no entiendo nada…

En ese momento, al otro lado del cristal, pasaba por la acera  la señora Laura, la mujer de Pepe, el dependiente de la ferretería del barrio, ya jubilado. Vestía con la misma ropa de hace unos años pero manteniendo un porte discreto y digno. Dio la vuelta a la esquina y entró en ese mismo restaurante. En la mano, una bolsa de ésas que se llevan para hacer la compra al mercado aunque eran las 10 y media de la noche. El encargado, conocido suyo, la pasó a la cocina y se la llenó con sobras de ese día y alimentos caducados de esa semana.
Desde hacía año y medio vivía con ellos su hija, su yerno y sus dos nietos.
Ese domingo, en casa de la señora Laura, comerían los seis de  restaurante. 

Sandra Sánchez González (Pulgacroft)


SIN TÍTULO

Un lunes más con sabor a cola del INEM, a bronca con el casero, a bocata y fuga en un bar del centro, a frustración hecha costumbre.
 De vuelta a casa, le invadió el olor a gas como una bofetada. Del sopapo, su rostro se giró hacia el aparador, donde yacía inerte un sobre rasgado con la carta del desahucio ya anunciado.
 Caminó despacio hasta el dormitorio, alzando cada paso cual ave migratoria, mirando lo que se deja atrás. Hizo balance de sus 2 últimos años juntos en cada respiración. La inauguración con amigos del primer día de alquiler, la fecha en que estrenaron el nuevo colchón, las manos de Manuel al nacer, su pecho dándole vida y a continuación, el caos. El cierre de la fábrica, su despido “procedente”, las llaves que en otros momentos abrieron puertas y ahora cierran sueños.
Entornó la puerta pausadamente. Los encontró sobre la cama. Abrazados, con los ojos cerrados, sonrientes, invitándole en silencio a descansar con ellos. Se dejó embriagar del olor del niño, del perfume de su mujer.
 Abrió la mesilla y acarició el Zippo que ella le regaló.
 El gorjeo asustado de las palomas se hizo mudo en el estruendo.

Raquel Lozano Calleja


¿O sí?


MALDITOS RECORTES


Nadie hubiera sospechado que aquel hombre de mediana edad, bien rasurado y correctamente vestido que paseaba por el interior de El Corte Inglés curioseando vitrinas de joyas, estuviese tramando la comisión de un delito. Mientras la sonriente dependienta le mostraba un valioso anillo de diamantes, que según dijo quería obsequiar a su novia como regalo de pedida, lo cogió, lo introdujo en su bolsillo y salió a toda leche, quebrando ágil y velozmente cual Messi cuarentón al grueso custodio que intentó capturarle. Una vez franqueada la salida se detuvo y esperó en el exterior, arrodillado, con las manos en la nuca y la sortija en la boca, a los vigilantes que habían iniciado su persecución cuando se activaron las alarmas. El ladrón solicitó muy educadamente que llamasen a la Policía, pues quería que le sometieran a un juicio rápido y le enchironasen; estaba ya dos años en el paro, no encontraba empleo y le habían desalojado por impago del piso que tenía alquilado. Prefería ir a la cárcel, donde al menos dispondría de alojamiento gratis y comería de caliente. Se trataba, en definitiva, de que la sociedad y sus representantes le devolvieran lo que le habían quitado, directa o indirectamente.


Lo que no sabía el pobre desgraciado, porque no estaba al día de las últimas noticias, es que ya no había Policía, ni Juzgados, ni Prisiones. El Gobierno había suprimido todos esos servicios, por deficitarios. Tendría pues que conformarse con una buena paliza.


Rafa Sastre

(IN) SEGURIDAD CIUDADANA


Y es por tu bien. No pongas esa cara. Nosotros sabemos que si te reúnes con más de tres amigos seguro que se os ocurren ideas absurdas. Ya sabes, más vale prevenir que con sangre entra, la letra que curar y quien a mal árbol se arrima mal acaba, o algo así. Fíjate, simplemente has saludado a ese individuo y algo en tu cara ha cambiado. Es una expresión extraña, noto que de tu cabeza va a brotar algo: un pensamiento nuevo que sólo te traerá problemas. Seguro. Hazme caso es lo mejor. Por tu seguridad, por la nuestra, por la de todos, por la nuestra. Quédate en casa y cierra la ventana, baja las persianas. Ahora con la primavera los pájaros se vuelven locos, y los árboles echan hojas nuevas, las flores brotan, y los pájaros, esos malditos pájaros, las golondrinas, sus chillidos. Baja la persiana, no escuches sus cantos, no sea que te entren ganas de salir volando y luego pasa lo que pasa. Que te conozco, os conocemos. Trabaja, consume, trabaja, duerme, trabaja, ve la tele, trabaja, duerme pero no sueñes no sea que, siéntate, mira, sólo mira. Calla. Shhh, por tu bien, shhh.

Rosana Alonso
OTRO DRAMA

El griterio está alarmando al vecindario. Ella le implora: "¡Eso no Cari, eso no!", pero en el octavo piso la paliza arrecia; y es tan intensa que la mujer queda allí, en el suelo, inerte, muerta.
El agresor, su pareja, al ver que no se mueve, tiene un momento de lucidez: ha matado a "su Cari" (se apodan el uno al otro del mismo modo).
A continuación se arroja por el balcón, mientras se escucha la sirena de la policía.


Josu Insausti

GLOBALIZACIÓN

El despertador, un Casio fabricado en China, comienza a sonar. Mohammed se levanta soñoliento, con un ligero dolor de cabeza. Ayer se acostó tarde viendo una comedia americana. Después de lavarse la cara comienza a vestirse, hoy en vez de sandalias se ata unas Nike falsas cosidas en Vietnam que encontró a buen precio en el mercado. Con los mlaoui dulces y el té del desayuno se sirve un zumo de naranja Granini mientras escucha las últimas noticias por la radio: el país florece económicamente, multitud de grupos inversores quieren depositar su capital aquí. Insha’Allah. Ya en el autobús, de camino a su trabajo en una multinacional hortofrutícola, una doble valla de seis metros proyecta su sombra sobre la carretera. En lo más alto todavía pueden verse restos de ropa enganchados al alambre de espinos.

Juan Naranjo García



VICTORIA


El de hoy era el cuarto intento y esta vez sí que sería “la vencida”, no “a la tercera” como se había pasado media vida oyéndole decir a su madre y la otra media a su marido. Las tres veces anteriores es que no había puesto bastante empeño en el éxito, pensaba Victoria mientras se ponía guapa. Victoria era un poco presumida y sabía que hoy habría muchos espectadores admirando su logro al fin; en primera fila, los padres y creadores de la obra a interpretar, detrás, un público expectante y nervioso que no dejaba de hablar mientras esperaban su aparición...hasta su habitación llegaba el bullicio. Quizás fuese eso lo que la estimulaba esta vez a no fallar bajo ningún concepto, ese público y saber que esta era la última oportunidad para demostrar su valía...
Se aproximaba la hora y al contrario que los actores consagrados, ella que no era más que una principiante en esto de actuar ante un nutrido público, se sentía relajada y feliz. Esta vez sabía que no había manera de fracasar, esta vez triunfaría.
Así, sonriente y decidida, se dirigió al balcón, abrió las puertas, se apoyó en la barandilla y orgullosa comprobó el éxito de asistencia. Todo el mundo estaba allí; cuerpo de seguridad del estado para ella solita, para su seguridad, algún alto cargo de la ciudad, un público entregado que gritaba algo que ella ya no podía oír bien...y los amigos, que, debía ser por la emoción, lloraban...
Victoria abrió los brazos, como había visto hacer a las divas y sin pensárselo más...ya no quedaba tiempo...se arrojó a la gloria.
Cinco pisos más abajo el público arremolinado sobre ella fue unánime en la crítica; ¡éxito rotundo, drástico,convincente...!

¡¡¡Aplastante Victoria...aplastada!!!

Trinidad Grande Pardo



Dar la espalda

LIBRE MERCADO



En las afueras de París una valla publicitaria exhibe a una modelo eslava de dieciocho años, de ojos rasgados y larga cabellera rubia, descubierta por un fotógrafo en una calle de Moscú, que anuncia un perfume de Dior a cambio de un contrato millonario.
Bajo la valla, junto a cada una de las farolas de las aceras del boulevard que conduce al centro de París, bellezas eslavas de dieciocho años, de ojos rasgados y largas cabelleras rubias, secuestradas por mafiosos en las calles de Moscú, se ofrecen a los conductores de los vehículos a cambio de cuarenta euros.

 

Carmen de la Rosa


LA CURIOSIDAD DEL NIÑO

El papá saharaui le explica a su hijo de ocho años:
         ―Mira Brahim, sé que tienes curiosidad por ir hacia aquel lugar, pero no puedes ir, no te adentres nunca en el desierto por allí, porque hay kilómetros y kilómetros de alambres de espino en los que puedes engancharte y que te desgarrarían la piel y morirías desangrado, y hay miles de bombas enterradas en la tierra que no se ven y que si las pisas te matarán, y hay muchos soldados vigilando que al verte pueden dispararte y matarte, así que te ruego hijo mío que no vayas por allí nunca porque tu vida correría gravísimos peligros.
         El niño pregunta entonces a su padre:
         ―Pero papá, ¿qué es lo que hay allí que ponen tantas cosas malas que matan a la gente si se acerca? ¿hay monstruos? ¿hay demonios? ¿hay ríos de lava? ¿hay pozos profundos? ¿qué hay papá? dime, nunca me has dicho y yo quiero saberlo.
         A lo que contesta el hombre:
Hijo mío, allí está nuestro país, nuestro hogar, nuestra familia.
Juan Fran Núñez Parreño


TODO SIGUE IGUAL

A pesar de que el gobierno, Europa y los grandes actores de la economía se calienten la boca, alardeando una y otra vez de que hemos empezado a salir de la crisis, todo sigue igual.
Está claro que esos señores no se pasean por algunos barrios donde gran parte de la población no tiene en que ocupar su tiempo, porque les han despedido, o por los comedores sociales a los que por desgracia acuden más a menudo familias normales, que ni en sus peores pesadillas se imaginarían en esos escenarios, a no ser ocupando su tiempo como voluntarios.
Tampoco deben frecuentar los aeropuertos donde en vez de despedir a jóvenes que van de Erasmus, sus padres y amigos les acompañan para darles ánimos en su incierta aventura emigratoria.
A lo mejor es que están habituados a visitar otros lugares, el que frecuentan esa escasísima y privilegiada minoría que se ha enriquecido merced al sacrificio de miles y miles de familias.
Estas personas han visto como de la noche a mañana lo han perdido todo, su trabajo, su casa o han visto rebajados sus sueldos a niveles vergonzosos.

Pero ni siquiera así los poderosos han logrado hacer que esa gente haya perdido su dignidad.
Gloria Arcos Lado



LIBERTAD DE EXPRESIÓN


No podemos hablar. En cambio ellos no paran de hacerlo. Hablan, hablan y hablan malgastando las palabras. Como cada noche, nos acercaremos hasta sus contenedores y buscaremos alguna palabra que llevarnos a la boca.

Raúl Garcés Redondo

INFAMIA EN LAS FRONTERAS...

Infamia en las fronteras porque, a veces, no son los recursos naturales ni la historia. Son los niños los que tienen el mayor precio para que empiecen a exterminar pueblos.

 Me llamo Boris, vivo en Crimea, tengo doce años, mi madre últimamente está alterada,
papá llega cada día más tarde  y la abuela, que nunca se separa de una foto, llora más de la cuenta, presagiando un peligro cercano.

 En el colegio ahora pintamos flores cantando canciones raras, algunos profesores están nerviosos, han quitado banderas y sólo miran el reloj antes de cada cambio de clase.  Otros, están felices y han empezado a explicarnos que nosotros somos rusos y no ucranianos, luego nos dan un premio por cada cosa que sepamos de un señor llamado presidente.

Mamá vuelve a deambular por la cocina y habla bajito con la abuela.

 Pasan camiones a cada hora y esta noche no se oye más que el susurro de unas voces lejanas, tengo frío y se han oído unos disparos como en las películas americanas pero cerca de una calle que no dejan jugar, esto parece una guerra pero no lo es.

 De día la gente sonríe, hay periodistas en las cantinas, pero por la noche ocurre que el silencio es un lobo hambriento y me manda a dormir muy pronto.

 Hoy la abuela ha gritado y mamá se ha desmayado, han entrado varios hombres, papá ha caído en una emboscada.

Sabes, esto no es una guerra pero lo parece.

MATROUSKA.   Lluïsa LLadó.


SIENDO MUJER

 Sierra Madre de Chiapas… ahí pude morir de más joven porque carecía de servicio médico. Antes, si te macheteabas un dedo, tu única cura era atarse un girón del vestido más vaporoso y rezar por no cruzar la frontera de la muerte, perdiéndose en su abrazo agrio, como cuando los niños que quedaban sin comer por días ante una mala cosecha, de mañana no despertaban más. 


Tuve fiebres por la infección de mi dedo, ¿qué son las medicinas si yo tenía mis propios remedios?: ¡té negro, oraciones a la luna, una limpia con la sangre de una gallina negra como si tuviera mal de ojo! No, no había doctor en aquella tierra perdida del señor.


Sobreviví porque organizaciones extranjeras (siempre la mano ajena, nunca tu misma raza) demoliendo las paredes de lo recóndito, hablaron en un extraño español de que la salud de las jóvenes indígenas se parecía a de las prostitutas colombianas que años atrás habían atendido también con sus manos blancas y enguantadas. Mujeres que ola tras ola estaban  muriendo, ellos lo llamaban “enfermedades venéreas”, para mí sonaba como demonios carcomiendo las entrañas de mujeres porque muchos hombres pagaron por comerse “sus castidades”. 


Los doctores, esos visitantes rubios y amables me dijeron lastimosamente, “eres tan joven, no temas por lo que voy a hacerte”, pero era muy tarde, estaba embarazada. Me revisaron delicadamente y trataron como un ser igual a ellos, se especializaban en diagnosticar VIH... eso no me alcanzó, pero sí a alguien que conocí.

María del Carmen Macedo Odilón

SIN IMPORTANCIA
Giró la cabeza hacia el lado izquierdo. Zapatos acharolados avanzaban por las baldosas en una y otra dirección. Firmes y decididos, con prisa, pisaban con la ingravidez de un felino que apenas rozaba el suelo. Giró la cabeza hacia el lado derecho. Zapatos de cordones con medias azules y faldas plisadas. El autobús de las ocho realizó su parada habitual mientras un tropel de mochilas con ruedas se acercaba en una fila ordenada de uniformes azules. El tiempo de los transeúntes nunca se detenía en su esquina. Su tiempo había fallecido tras el cartel luminoso del Banco en la acera de enfrente. Cambió de posición cruzando las piernas. Se mordió una uña mientras pensaba en sus miserias absorto por las manchas de los chicles pisoteadas. Acomodó en su regazo el trozo de pizarra y el cazo. Miró el reloj de la Iglesia. Las nueve de la mañana, hora del cambio de números. Hurgó en el bolsillo de su abrigo raído y extrajo una tiza blanca. Borró el número de hijos, uno, y sumó uno más, dos. Sabía que cuando regresaran las escolares en el autobús de las cinco, sólo una de ellas se detendría para preguntarle cómo se pueden tener ocho hijos y vivir en la calle. Él contestaría lo de todas las tardes: los números sólo importan cuando se traducen en dinero.

Laura Garrido Barrera


LA SOLEDAD DE LOS POBRES 
  La abuela se encontraba tejiendo como todas las tardes al calor de la lumbre, sentada en la residencia. Hacía apenas un año que la habían trasladado allí después de que el banco se quedara con su casa de siempre, tras haber avalado con su propiedad a su único hijo.
   Pero la ilusión de su vida se convirtió también en su infierno, al ser expulsado de su trabajo. 
   Cómo resultado,  además de sumida en la miseria también se encontraba completamente sola. 
  Su hijo, incapaz de superar el sentimiento de culpa,  cuando los funcionarios del juzgado  se disponían a realizar el lanzamiento de su propiedad, se arrojó por el balcón.


UNO DE LOS NUESTROS

Una vez aquí, solo queda dar el último paso para llegar a nuestro lado. No te va a costar. Tienes ya el camino despejado. Lo que te queda es un juego de niños después de haber avanzado olvidando a los pensionistas, ignorando a los dependientes y despreciando a los parados, mientras observabas, sin pestañear, cómo derribábamos la educación y la sanidad pública para que tú siguieses avanzando.
Elegiste bien, te convertiste en un buen discípulo. Te recuerdo repitiendo las proclamas. “Hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”. “Los recortes son necesarios”. “Estamos saliendo de la crisis”. En tu boca sonaban más convincentes que en los televisores. Has hecho un buen trabajo.
En realidad, no tenías otra opción, ¿quién escogería ser un paria, cuando se puede escoger ser uno de los nuestros?

Da ese último paso, marca la casilla de la iglesia y recibirás tu regalo de bienvenida. Una estúpida sonrisa de autosatisfacción. Te sentará bien.


Miguel Torija


23 comentarios:

Fran Rubio dijo...

http://pequenastretas.blogspot.com.es/2014/05/pmi-2014.html#links

Isabel Martínez Barquero dijo...

Necesaria esta oleada de indignación.

En mi blog, también:
http://www.elcobijodeunadesalmada.blogspot.com.es/2014/05/recien-electo.html

Abrazos para todos.

Nicolás Jarque dijo...

Aquí adjunto el enlace de mi participación en PMI 2014.

http://escribenicolasjarque.blogspot.com.es/2014/05/de-figurantes-primavera-de.html

Abrazos colectivos.

Sara Lew dijo...

Mi participación:

http://microrelatosilustrados.blogspot.com.es/2014/05/marioneta.html

Saludos.

Miguel jiménez salvador dijo...

Seguimos en el alambre.

http://arktos-themis.blogspot.com.es/2014/05/mala-praxis-despojo-indignado.html

joseluis dijo...

http://josseluiss.blogspot.com/2014/05/el-espejo.html

Lola Sanabria dijo...

Mi aportación:

http://lolasanabria.blogspot.com.es/2014/05/primavera-de-microrrelatos-indignados.html

David Moreno (No Comments) dijo...

Y la mía.
http://xn--microsealesdehumo-lxb.blogspot.com.es/2014/05/deconstruccion-en-la-pmi-2014-y-en.html?m=0

Un saludo indio
Mitakuye oyasin

Purificacion Menaya dijo...

un año más indignados:

http://purificacionmenaya.blogspot.de/2014/05/primavera-de-relatos-indignados-2014.html

Manuel Rebollar Barro dijo...

Ahí va, un año más, dese "cazadores de intervalos" mi aportación (con un pequeño y cariñoso tirón de orejas para todos nosotros). Miguel, eres un crack ;-:

http://cazadoresdeintervalos.blogspot.com.es/2014/05/cadena-trofica.html

Luisa Hurtado González dijo...


Mi micro para este día:
http://microrrelatosalpormayor.blogspot.com.es/2014/05/brotes-verdes.html

Saludos a todos, indignados o no

Ximens dijo...

Mi barricada para hoy:
http://ximens-montesdetoledo.blogspot.com.es/2014/05/la-hora-de-las-hoces.html

Elysa dijo...

Ya estoy en la alambrada desde aquí:http://elystone.blogspot.com.es/2014/05/hasta-los-suenos.html

Besitos

Towanda dijo...


Hola a tod@s.

En mi blog también estamos en la alambrada:
http://platonenmismanos.blogspot.com.es/2014/05/el-vuelo-de-la-silla.html

Beto Monte Ros dijo...

En esta alambrada tambien dejo el enlace a lo que tengo que decir.

http://unchindepalabras.blogspot.com/2014/05/con-empleos-opuestos.html

Saludos.

Ana dijo...

aquí también:
http://arrimadosalasombra.blogspot.com/

josé manuel ortiz soto dijo...

Amigos:
Aquí les dejo mi participación,

http://cuervosparatusojos.blogspot.mx/2014/05/bancarrota.html

Saludos a todos.

La increíble mujer menguante dijo...

Mi contribución

http://laincreiblemujermenguantee.wordpress.com/2014/05/15/15-demayo-3a-jornada-de-microrrelatos-indignados/

Elisa dijo...

Me sumo: http://pativanesca.blogspot.com/2014/05/los-cuatro-palos.html

Patricia Richmond dijo...

También en mi blog http://patriciarichmond.blogspot.com.es/2014/05/primavera-de-microrrelatos-indignados.html?spref=tw

PULGACROFT dijo...

Gracias por esta alambrada indignada. Ojalá sirva para algo!

Alejandro Sánchez Crespo Pérez dijo...

Saludos desde la alambrada de minificciones

Lidia Castro Hernando dijo...

Ha sido un gran honor participar con tan sensibles escritores en esta Primavera de Relatos 2014. Desde Mar del Plata, Argentina un abrazo afectuoso para todos. Lidia Castro Hernando.