sábado, 10 de enero de 2026

La casa por el tejado

 


La reunión que ayer mantuvo Donald Trump con las compañías petroleras, debería haberla tenido hace meses. Primero asegúrate de que tienes una buena baza y después lanza el envite. Alguien debería enseñarle a jugar al mus, al menos al póquer. Porque juega sin mirar las cartas. Órdago tras órdago. Se puede jugar así, pero si no se tienen buenas cartas, a medio plazo es difícil ganar. Imposible.

Ayer descubrió sus cartas. Iba de farol en su agresión a Venezuela. Puede asustar y despreciar a muchos, pero a los señoros de ayer, a los magnates del petróleo, ni les desprecia, ni les asusta. El petróleo de Venezuela no acabará en los flamantes Cádillacs americanos. No. Y se lo dijo a la cara uno de esos hombres tras los que se esconden las hidras que de verdad controlan el mundo, el CEO de Exxon, una empresa que vale 500000 millones de dólares, una de las pocas capaces de poner suficiente dinero para extraer y procesar las reservas del esquivo petróleo venezolano: “Venezuela no es apta para invertir”.

Lo único que ha logrado en esa reunión es que las pocas compañías que operan ahora en el país caribeño, se comprometan a seguir allí. Para ese viaje no hacían falta tantas alforjas. Enternecedor ver a Josu Jon Imaz, adalid de las puertas giratorias españolas, sacando pecho ante el macho alfa: Repsol triplicará su esfuerzo. Encomiable. Lo que no le ha dicho a Trump es que cuando se triplica una cantidad ínfima, el resultado es otra cantidad ínfima. Al presidente americano no le va a quedar más remedio que amenazar a las matemáticas porque los números no salen, es lo que suele pasar cuando se empieza a construir la casa por el tejado.
“¿Y ahora qué?” Pensará el bueno de Donald. “Pues a por Groenlandia, a ver si allí podemos ir con un hornillo y fundir los dos quilómetros de hielo que protegen sus recursos.” Una gigantesca isla sin carreteras, sin puertos industriales, sin redes eléctricas, con temperaturas y condiciones climáticas extremas. Es casi imposible, en ningún caso rentable, extraer esos recursos. Harían falta décadas y millones de dólares y para cuando la logística minera lograra empezar a extraerlos, la tecnología habrá avanzado por derroteros impredecibles que pueden convertir esos recursos, ahora valiosos, en pura escoria.
Mientras tanto, la asustada UE ha reaccionado con sus armas más poderosas: el diálogo y el respeto. Mientras Trump se entretiene con sus alharacas de matón de barrio, América Latina, esa que considera su puerta trasera, se ha abierto y por ella acaba de colarse la vieja y despreciada Europa. La alianza entre Europa y América del Sur es un órdago a la proteccionista economía estadounidense. Pero a diferencia de los de Trump, este órdago viene acompañado de muy buenas cartas. Este acuerdo transatlántico, fraguado durante décadas de complejas negociaciones, acaba de establecer una región de libre comercio con el mismo PIB que el gigante norteamericano. Es hora de potenciar esta alianza económica con una América del Sur joven y vital y quizá sea hora de romper el otro acuerdo transatlántico, el que nos relaciona con la América del Norte decadente y hostil: el de la OTAN.

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